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ZZ Top y Black Mountain culminan una gran noche en el Azkena Rock de Vitoria (EFE)

19 Jun 2015

Vitoria, 19 jun (EFE).- Con un concierto largo, tocado sin prisa, ZZ Top han culminado una magnífica tarde-noche de música en Vitoria, en la que han sonado también, una hora antes, unos Black Mountain exquisitos.

ZZ Top han salido a un escenario solo decorado con dos grandes pantallas, una a cada lado de la batería, con imágenes, la mayoría de las veces repetitivas. Han empezado con el blues, y luego poco a poco soltando los ritmos. Cada vez más rock, y más bailable. No hay referencias para hablar de ZZ Top. La referencia son ellos. Llevan cuarenta años de coherencia sin fisuras, aunque por otro lado, quizá eso les haga excesivamente clásicos.

Un poco antes, en el otro escenario, han sonado los canadienses Black Mountain. Tres generaciones, o más, les distancian. Con ellos sí que se escuchan las referencias, Dead Can Dance, y P. J. Harvey entre otras. Han hecho psicodelia, muy adulta, muy bailable y muy fresca. Una voz de mujer y una de hombre a veces se fundían, también con los teclados y la guitarra. Y todo ello sin bajar el ritmo en ningún momento. El público, al principio escéptico, poco a poco ha ido entrando y les ha acabado dando una gran ovación.

Television ha hecho un concierto de menos a más. Comenzando con una atmósfera más bien de local de ensayo y avanzando como Marquee Moon, el disco que han tocado hoy en directo: con tres temazos, el último de cerca de diez minutos, con un sonido que recuerda más a Patty Smith que a New York Dolls.

Antes, sobre las siete de la tarde, Dubrovnicks han hecho un gran concierto. Más brillante que oscuro. Y eso que les sobraban guitarras para oscurecerlo, con esas tres voces solistas además. Un concierto muy a la australiana, en ese lugar donde se borran los límites entre el garage, el power pop y los Cramps.

JD McPherson, un poco después, ha vuelto a las raíces: vientos, órgano hammond y swing. Un momento quizá pensado para permitir el encuentro social. Amigos de años sucesivos de rock & roll se han vuelto a encontrar. Y es que el Azkena también es eso, entre otras muchas cosas. Entretanto, Jake Smith con The White Buffalo ha sudado lo suyo, aclamado por su público. En un estilo de rock muy americano, con ecos “main stream” americano. No especialmente nuevo, pero todavía muy capaz de emocionar.

Ha sido de agradecer, en cualquier caso, su optimismo después de un día de nubes y claros. Había una seria preocupación por qué podía deparar el tiempo después de una tarde complicada. Pero poco a poco ha ido levantando, hasta quedar una noche preciosa.

Todavía queda mucha noche, sobre todo porque sobre la una y media subirán al escenario L7, uno de los momentos más deseados, tras muchos años de separación del grupo. Están todas ellas, y es de suponer que tienen ganas de hacerlo muy bien.

Mañana, seguramente, el público se entregará plenamente a la música, más moderna en términos generales, de Cracker, Red Fang, Eagles of Death Metal, Off y, por supuesto, Mastodon. También estarán Ocean Colour Scene. Posiblemente compongan algún momento lírico. Hits van a sonar unos cuantos, y no solo suyos.

El Azkena Rock es un pozo sin fondo de sorpresas, casi siempre agradables. Vitoria es otra ciudad, mucho más viva y más divertida. No necesariamente por la música.