PEQUEÑO CUENTO

pequeño cuento marroquí sobre la amistad

sorry mates, no translation

pequeño cuento marroquí sobre la amistad (febrero 2005 – inédito)

en un pueblo de marruecos vivía un modesto alfarero. sus ingresos provenían de la venta en su puesto del zoco de los cacharros que confeccionaba en su casa de la montaña. bajaba cada mañana, pasaba todo el día en el puesto, y a las tardes subía de nuevo. allí tenía también un pequeño terreno donde crecían unas pocas plantas de marihuana cuyo kif fumaba en su pipa constantemente. al bajar por las mañanas, siempre traía unas pocas bolsas que distribuía entre sus amigos, a razón de cinco dirham por bolsa de kif. las metía en uno de los cacharros que se apilaban desordenadamente por el puesto y esperaba a que los habituales fueran acercándose a charlar, tomar un té, y recoger una bolsa fresca para la jornada. entre eso y algún cacharro que vendía de vez en cuando, conseguía subsistir. un día, se acercaron por el puesto unos turistas, interesándose por unas pipas viejas que tenía en un bote de arcilla. se demoraron mucho, probaron a encontrar las dos partes que, unidas, dieran el mejor resultado. todas ellas eran diferentes y les costó mucho decidirse. el alfarero les ayudaba chapurreando en español, y finalmente les ofreció también un poco de kif para fumar. cada uno se llevó una pipa y una bolsa. a la mañana siguiente volvieron. el alfarero había ordenado su puesto, algo que venía retrasando durante meses, y compraron también un plato de barro sin cocer. entre los extranjeros se corrió la voz rápido, y cada día se presentaban unos cuantos a curiosear. quien más quien menos, todos compraban algo además del kif, que era lo que realmente habían venido a buscar. así que el alfarero empezó a progresar. vendía muchos cacharros y pronto el puesto fué famoso en el pueblo. incluso de otros pueblos venían a comprarle, así que dejó de vender kif a los turistas. pero no se olvidó de sus amigos, que seguían viniendo cada día a por su bolsa fresca de la montaña.

uno de ellos pasaba mucho tiempo con él. siempre estaban charlando y fumando, le ayudaba a cuidar y ordenar el puesto, y le hacía los recados, llevando las compras a las casa de los más adinerados del pueblo. así conoció al alcalde, al jefe de policía, y hasta a un juez de tánger que pasaba allí los veranos. pero le corroía la envidia. veía que su amigo era cada vez más rico, y que él siempre iba a depender de su amistad, por no tener un negocio propio. así que se le ocurrió una idea. prometió al jefe de policía una detención sonada si luego le correspondía con una compensación. el día convenido, bajó al puesto como de costumbre, y se fijó en cual de los cacharros guardaba el alfarero el kif, pues cada día iba cambiando. con la excusa de un recado, corrió a avisar al comisario de dónde se encontraban las bolsas, y se marchó a su casa. la policía se presentó en el puesto y encontró la hierba, así que el alfarero fué detenido, y multado con tal dureza, que su puesto fué requisado, con todo su contenido y subastado públicamente. os imaginareis quién fué el ganador de la subasta. el amigo ya tenía un negocio boyante. así que el alfarero tuvo que empezar de nuevo. pero los puestos del zoco estaban ya adjudicados, y solo pudo conseguir un rincón casi frente a su antiguo puesto. ahora tenía que bajar y subir cada día de la montaña con todos sus cacharros, que no eran muchos, porque no tenía mucho espacio donde colocarlos. el amigo le veía llegar, descargando sus cosas de un burro que le acompañaba. siempre hacía lo mismo. ponía primero dos banquetas, una para sentarse él, en la otra colocaba una pequeña caja metálica, los cacharros alrededor. finalmente se sentaba, y saludaba a su amigo con la mano. el amigo estaba orgulloso de su plan, ya que gracias a su astucia, el otro no podía saber que era él quien le había denunciado.

a lo largo de la mañana, los conocidos de siempre iban desfilando por el mercado, y se quedaban mucho rato hablando con el alfarero, mientras que al amigo le dedicaban solo unas palabras de cortesía y se marchaban corriendo. esto le sentaba muy mal. ¿por qué estaban con el alfarero tanto tiempo si nadie podía saber que era él el delator? le daba vueltas a la cabeza y no encontraba explicación. a no ser que fuera porque seguía vendiendoles el kif. empezó a hacer indagaciones, no se atrevía a preguntarle drectamente, así que preguntó a otros, antigüamente asiduos de las bolsitas. todos le juraban que ya no vendía, porque la policía encontró su campo y quemó sus plantas. pero él no podía creerlo. cada día cuando veía a alguno de aquellos sentarse horas con el alfarero, tomando té y charlando le venía la misma idea a la cabeza. pretendían engañarle, seguro que sí vendía. él era mucho más rico y tan amable y buen conversador como cualquiera. pero todos iban a la miserable esquina del otro.

por fín un día se decidió. cruzó la calle y se acercó al puesto del alfarero. empezaron a hablar de los viejos tiempos y el otro le ofreció un té. mientras bebían el té, sacó la pipa y le ofreció un poco. entonces aprovechó la oportunidad y le preguntó a bocajarro si no tenía una bolsita para él. el alfarero le contestó que por supuesto, siempre tenía algo para un viejo amigo. cogió la caja de metal, la abrió y sacó una bolsa. se la ofreció pero no quiso aceptar los cinco dirhams de rigor. en cuanto pudo marcharse, el amigo corrió de nuevo al puesto de policía a denunciarlo. les dijo que seguía vendiendo y dónde lo guardaba. le preguntaron qué quería a cambio esta vez y contestó que le bastaba con que le metieran a la carcel, para no verle nunca más por allí. pero cuando fué la policia y miraron en la caja, no había nada. por más que revisaron el puesto de arriba abajo, cacharro por cacharro, nada encontraron y tuvieron que marcharse.la caja era la trampa que el alfarero le había tendido para descubrirle, porque siempre sospechó que era él el culpable de su detención, y durante años había estado bajando una sola bolsa cada día, hasta que su plan funcionó. ahora todo el pueblo sabía que el amigo era un delator, y su negocio fué decayendo, porque nadie le compraba, hasta que tuvo que marcharse del pueblo.